La noche que murió Madame

TEXTO Y FOTO
JORGE SERRATOS

Xalapa, Ver.- El viernes pasado se estrenó con gran éxito la obra “Algo que pasó en Madame” en el Foro Cultural Tierra Luna, bajo la dirección de Victoria Fantasmal. La puesta en escena revive una de las noches más dolorosas para toda una generación de jóvenes en Xalapa: el 21 de mayo de 2016, fecha que marcó profundamente a la comunidad LGBT+ de la ciudad.

Escrita desde lo más íntimo y emocional, la obra logra que el público no solo observe, sino que comprenda la dimensión de aquella tragedia. Aquella noche, hombres armados y encapuchados irrumpieron en el lugar, disparando y asesinando a seis personas, dejando además a catorce más heridas.

Con una ejecución escénica sólida, las actrices conducen al espectador por un viaje que transita de la risa a la tristeza en poco más de 80 minutos. La narrativa, bien documentada, reconstruye el ambiente, las emociones y el desconcierto, logrando que por momentos el público sienta que está ahí, en el instante mismo en que ocurrió la tragedia.

En palabras de Victoria Fantasmal, no se trató de un crimen de odio en su definición más directa, pero sí de un acto atravesado por la indiferencia social: quienes dispararon sabían que, para muchos, las víctimas serían “solo un muerto más”, cuerpos desechables en la noche, invisibilizados por prejuicios y estigmas.

La obra también pone sobre la mesa una reflexión dolorosa: vivir la noche implica, muchas veces, asumir el riesgo. “Salimos sabiendo que tal vez no volvamos”, parece decir entre líneas. Pero aquella madrugada no solo se perdieron vidas; con ellas murió también una generación que descubrió, de golpe, el horror, la violencia y la injusticia.

Desde entonces, Xalapa no volvió a ser la misma. Esa noche dejó una herida profunda en la ciudad y en su comunidad LGBT+, una marca que aún duele y que sigue sin cerrar. Jóvenes que antes celebraban la libertad de bailar hasta el amanecer, comprendieron de pronto que su existencia podía ser vulnerada sin consecuencias.

La obra no solo es memoria, también es denuncia. Habla de una historia que parece repetirse: una comunidad cuya existencia ha estado, durante mucho tiempo, atravesada por la violencia, la invisibilidad y la resistencia.

Y, sin embargo, también deja un resquicio de esperanza. Entre la crudeza del relato surge una voz que se niega a rendirse: la de una comunidad que, aunque pequeña, sigue en pie como un ejército invisible; que carga una de las dolores más antiguos del mundo, pero que también busca construir un futuro distinto.

Quizá, como plantea la obra, olvidar sería más fácil. Pero recordar —aunque duela— es también una forma de justicia.

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