El trombonista y compositor, figura clave de Fania y creador de clásicos junto a Héctor Lavoe y Rubén Blades, falleció por complicaciones respiratorias.
Nueva York.— El músico, cantautor y compositor Willie Colon, una de las figuras más influyentes en la historia de la salsa, murió este sábado 21 de febrero a los 75 años, luego de haber sido ingresado de emergencia por problemas respiratorios al Lawrence Hospital de Bronxville, en Nueva York.
La noticia sacudió al mundo artístico latino desde primeras horas del día. Nacido el 28 de abril de 1950 en el Bronx, con profundas raíces puertorriqueñas, Colón fue considerado pionero del sonido salsero que emergió en Nueva York en las décadas de 1960 y 1970. Su muerte, de acuerdo con agencias, se debió a complicaciones respiratorias.
Hablar de salsa sin mencionar a Colón es imposible. Se unió a Fania Records cuando apenas tenía 15 años y en 1967 lanzó su primer álbum, El Malo, que marcó el inicio de una carrera que redefiniría el género.
Su sociedad musical con Hector Lavoe se convirtió en una de las más emblemáticas de la música latina. Más tarde, su alianza con Ruben Blades produjo discos históricos como Siembra y Canciones del solar de los aburridos, obras que trascendieron la pista de baile para retratar la realidad social latinoamericana.
Colón vendió más de 30 millones de discos y acumuló 11 nominaciones al Grammy. Pero su legado va más allá de las cifras. Fue uno de los primeros en dotar a la salsa de una narrativa urbana cruda, con trombones potentes y letras que hablaban del barrio, la migración y la desigualdad. La imagen de gánster que adoptó en las portadas de sus álbumes rompió moldes y ayudó a construir una estética que luego se volvería tendencia.
Comenzó tocando trompeta a los 11 años, pero el trombón terminó siendo su sello. Su sonido —áspero, directo— se volvió inconfundible. Era música para bailar, sí, pero también para escuchar con atención.
Fuera de los escenarios, Colón incursionó en la política y el activismo comunitario en Nueva York. Fue presidente de la Asociación de Artes Hispanas y durante su gestión impulsó la construcción del Centro Cultural Julia de Burgos, además de participar en causas vinculadas a los derechos civiles.
Con su muerte se cierra un capítulo esencial de la salsa neoyorquina. Queda su música, que sigue sonando en esquinas, fiestas y memorias colectivas. Y ese trombón que, aun en silencio, parece no despedirse del todo.
