Verona, Italia.— Los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 llegaron oficialmente a su fin este domingo 22 de febrero con una ceremonia de clausura que combinó música, arte y tradición en el Verona Olympic Arena, bajo el lema “Belleza en Acción”.
El escenario no fue casual: el histórico anfiteatro romano —declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y construido en el siglo I d.C.— se convirtió en el punto de encuentro para despedir más de dos semanas de competencia en el norte de Italia. Allí, atletas de decenas de países celebraron no solo medallas, sino los vínculos forjados en la nieve y el hielo.
La edición XXV de los Juegos dejó una imagen inédita: por primera vez en la historia de los Olímpicos de Invierno, dos pebeteros olímpicos se apagaron de manera simultánea en ciudades distintas, Milán y Cortina d’Ampezzo. Un gesto simbólico que reflejó el carácter multisede del evento y su apuesta por un modelo compartido.
Ante miles de asistentes, la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, agradeció al país anfitrión y destacó el ambiente vivido durante la justa.
“A nuestros generosos anfitriones, el pueblo italiano: gracias por abrirnos sus corazones. Los estadios estuvieron llenos, los aplausos fueron ensordecedores, la atmósfera eléctrica. Celebraron a sus campeones y animaron a atletas de todas las naciones, demostrando que la pasión y el respeto pueden convivir”, expresó.
“Gracias, Italia, por estos Juegos mágicos”, remató.
Durante la ceremonia, banderas ondearon mientras los atletas desfilaron sin la rigidez del protocolo inaugural, mezclados, abrazados, intercambiando insignias y fotografías. La tensión competitiva quedó atrás; lo que permaneció fue la camaradería.
Milano Cortina 2026 apostó por una organización distribuida en varias sedes del norte italiano, un modelo que buscó eficiencia y sostenibilidad. El cierre simultáneo de los pebeteros sintetizó esa narrativa: dos ciudades, una sola llama.
La música resonó entre piedras milenarias que han visto imperios levantarse y caer. Esta vez, fue el turno del deporte. Y cuando las luces se apagaron, quedó la sensación familiar de cada ciclo olímpico: termina una edición, comienza la cuenta regresiva hacia la siguiente.
